Lausanne, azul y sorpresas

Hoy fue nuestro segundo día en Lausanne. El dicho que reza “todo lo que sube tiene que bajar” debería ser al revés aquí: todo lo que baja tiene que subir. Lausanne es un rompecabezas de subidas, bajadas, escaleras y ascensores.

Comenzamos el día bajando hasta Ouchy, uno de los lugares más bonitos que he visitado en mi vida hasta ahora.  Quizás hubiéramos bajado más rapido si no fuera porque nos parábamos cada 5 pasos a ver un edificio o un café, cada uno más bonito que el otro.

Ouchy mafe roig photography

Ouchy es el puerto del lago de Laussane. El cielo, las montañas y el azul del lago se mezclan en uno solo y no alcanza la vista para ver dónde acaban. Hay cines, barcos, flores y crépes de chocolate.

Caminamos sin saber hacia donde mirar porque no nos queríamos perder nada.

Definitivamente queremos regresar para poder ver todo esto otra vez porque es simplemente, hermoso. Después de aquí tomamos el metro, que no tiene conductor y no hay máquinas para marcar los boletos porque aquí las cosas son diferentes y la gente también.

Fuimos a encontrarnos de sorpresa con mis tíos que tenía también 7 años sin ver. Comimos parrilla, tomamos fotos familiares y comenzamos a intentar ponernos al día.

Terminamos dando un paseo “nocturno” por el centro. En Lausanne los domingos no hay gente en las calles, todo está cerrado y en muchos momentos íbamos los tres solos caminando por las calles.

Por ahora a descansar porque de tanto subir y bajar ya no damos para más. Mañana a seguir explorando.

Feliz noche c:

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